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2008
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Obama: ¿Cual cambio?Por: Javier Loaiza Bogotá, 6 de Noviembre de 2008
Es el resultado de una exitosa campaña que se vio favorecida por los cambios en la agenda norteamericana de los últimos meses a raíz del estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera. El discurso de McCain, centrado en la seguridad, pasó a un segundo plano, el equipo de Obama supo aprovechar la coyuntura y el candidato se mostró como más competente para atender los problemas económicos.
La campañaDesde un comienzo la campaña se apoyó en una palabra que ya se ha usado en otras partes y que, en un mundo complejo y lleno de altibajos, puede tener significados sustancialmente distintos para cada quien, dependiendo del lugar en que se encuentre y de los intereses que le muevan: el “cambio”, no es solo una palabra, es una esperanza. De hecho, se presentó como el cambio frente a lo que representaba el actual presidente George W. Bush. El cambio en la estrategia de guerra en Irak, principalmente. El cambio en las políticas económicas, el cambio en las prioridades de inversión pública en educación y salud. Ya había logrado encarnar una renovación al interior del partido demócrata al superar a la ex-primera dama de los Estados Unidos, Hilary Clinton, quien contaba con toda la maquinaria y los fondos de los grandes aportantes. Obama, poco a poco se fue ganando no solo los convencionistas electos en cada primaria, sino que logró que los delegados partidarios se fueran pasando de las toldas de la Clinton hacia su campaña, hasta hacerse a la nominación en la Convención nacional. Ese enfoque de campaña, significó un despliegue sin precedentes de gente joven apoyando la candidatura de Obama, desde la batalla misma por la nominación. Esa gente joven que con aportes por internet le soportaron la campaña más costosa en la historia de la humanidad, más de 800 millones de dólares. Desde el lado McCain, en la carrera por la nominación, se le veía acompañado de gente mayor, incluso de ancianos. Pareciera que el mensaje que quería enviar la campaña republicana era la de una propuesta para el pasado, sobre todo, de continuidad. Obama logró el apoyo sin precedentes de inmensas cantidades de jóvenes, de casi la totalidad de los afroamericanos, de los hispanos y otras minorías que se sintieron representados con su mensaje, apoyado en el estribillo, “Sí podemos”, que logró contagiar no solo a los partidarios sino a grandes sectores de la población. Mientras Obama ofrecía futuro, aunque sin asustar demasiado al establecimiento, McCain parecía ofrecer pasado, más de lo mismo, con algunos cambios. Ahora, ni el pasado ni el futuro son buenos o malos en sí mismos como enfoque de campaña, dependiendo de las circunstancias y el entorno del presente. Buena parte de los norteamericanos, de acuerdo con lo ocurrido en esta elección, estaban cansados del pasado reciente y decidieron apostarle a un futuro por construir. Mientras Obama identificó un adversario y cerró baterías contra él: Bush, y logró confundir a McCain con el propio Bush, el candidato Republicano lo único que lograba era tratar de combatir el discurso del Demócrata, alegando su inexperiencia. Obama se logró posicionar como más competente para resolver el tema económico y atacó sin tregua la política de seguridad de Bush-McCain. Obama siempre apareció como un candidato racional, amable pero contundente, casi inexpresivo. Basta ver su discurso en la noche de la victoria. No hay un solo atisbo de emoción, factor que dejó a las bien construidas, pensadas, masticadas y expresadas frases de su intervención ante más 100.000 seguidores en Chicago. Por contraste, McCain se esforzaba por aparecer dinámico, activo, emocional, lleno de vitalidad a pesar de sus años – el candidato de más edad en aspirar a la presidencia norteamericana-. Obama en su discurso agradece a su director de campaña y a su estratega, quienes le hicieron “la mejor campaña política, creo, en la Historia de los Estados Unidos de América”. Es materia para el análisis posterior, cómo una persona tan inexpresiva en sus presentaciones públicas logra trasmitir tanta emoción y volverse incluso inspirador. Parece entrenado y preparado para hablarle solo a la intimidad de la cámara de televisión. Está por verse si ese excelente candidato, esa formidable campaña, para ser elegido, se va traducir en estrategias suficientes para gobernar. En América Latina, han sido muchos los casos de fracasos estruendosos a la hora de tomar decisiones públicas, después de ganar de manera sorprendente, doce presidentes de países de la región no lograron terminar sus períodos en los últimos quince años. Ese es un reto inmenso. Tocqueville afirmaba que “En épocas de crisis los actores políticos o bien se elevan por encima de lo normal o caen por debajo de ese nivel.” En los últimos tiempos, en particular en América Latina, pareciera que una inmensa mayoría de nuestros dirigentes no tuvieran más opción que la segunda. Obama estará por la primera? Obama parece haber tomado la opción de construir un nuevo liderazgo, la condición del cambio, un futuro por construir. “Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio”, afirmó Obama en mencionado discurso ante miles de entusiastas seguidores una vez se anunció su incontrastable victoria. Y en muchos lugares del planeta, por la TV, ciudadanos de todas partes eran testigos emocionados de ese momento.
El día “O”
El triunfo de Obama en las elecciones de Estados Unidos ha generado una euforia no solo en enorme cantidad de lugares del planeta. Quizá, nunca como antes, una campaña presidencial, de ninguna parte fue seguida por tantos observadores en el mundo entero. Por supuesto, es probable que nunca antes tantas personas hubieran estado frente al televisor en la noche del martes esperando los resultados de unas elecciones y nunca, tantos habían explotado de alegría y emoción al confirmarse la elección que desde tempranas horas ya se preveía. En Estados Unidos, como dijera algún canal de Televisión, la “Obamanía” le hace parecer como un Aladino con la lámpara maravillosa, que todos quisieran frotar para obtener la solución a sus problemas. Las camisetas, íconos y elementos de campaña con la foto del presidente electo desaparecieron de las vitrinas, los periódicos se agotaron y tuvieron que publicar a las volandas nuevas ediciones. Jefes de Estado de todas partes se congratulaban por el resultado. Es increíble que en una sociedad de 6.000 millones de habitantes, tantas y tantos suspiren en torno de una sola persona como el que será capaz de liderar los cambios que una población mayoritariamente urbana y comunicada quiere y espera. Seguramente este 4 de Noviembre de 2008, será recordado como el Día “O”, en que tanta gente suspiró aliviada, cuando no gritó de la emoción, al conocer el resultado. Era la esperanza de una sociedad que aspira la superación de la guerra, el hambre, los problemas ambientales, …, en fin.
El Tamaño del cambioBien. Y ahora que?: El Cambio. Cuál cambio? Esto hay que aterrizarlo, como decía mi madre. Hace justamente diez años, en Colombia, mi país, Andrés Pastrana fue elegido con la fórmula “El cambio es ahora”. Y millones de colombianos votamos confiados en superar la ola de terror y desgobierno que llevaba el país a causa de las bombas de los narcotraficantes, los ataques a puestos militares y los secuestros colectivos de la guerrilla, principalmente. Fue tal el entusiasmo de los colombianos y tanta la expectativa que se generó, que se dio una votación sin precedentes, como ahora en Norteamérica. En esa ocasión, escribí un ensayo titulado “El tamaño del cambio”. Allí afirmaba, para el caso colombiano que el gobierno del cambio podía ubicarse en tres escenarios posibles, que les denominé: uno “simple”, otro “difícil” y el tercero “complejo”. No voy a entrar ahora a analizar los resultados del gobierno de mi paisano. Pero sería importante ver un tipo de escenarios posibles para los Estados Unidos, que cualquiera de ellos afectará al mundo. Sobre todo porque los desafíos de Obama, según los analistas se centran en cuatro aspectos principales: la crisis económica, las relaciones internacionales, los combustibles y medio ambiente y, la guerra contra el terrorismo. Esos no parecen ser sino temas de una agenda común hoy, que podríamos denominar común para una sociedad en transición. Hoy no solo se pueden predecir esos tres escenarios de cambio, sino que habría cinco. El primero y el último, definitivamente parece que habría que descartarlos como opciones para el gobierno que se iniciará el 20 de Enero próximo. El primero, el más elemental que se reduce a un cambio de personas, en los puestos clave, pues la burocracia y lo demás se mantiene igual, este escenario se puede retratar en la expresión de la fábula de Esopo conocida como el “parto de los montes”: parturiet montes, nascetur ridiculus mus.
Bien, entonces que va a hacer Obama? Será acorralado por los sindicatos y el partido, con una mayoría de senadores y congresistas que se reeligieron por sus propios medios? O es que acaso Obama los eligió? Ya tenían mayoría en ambas cámaras y lograron unos cuantos escaños más para tener una posición más holgada. No olvidemos que en el primer gobierno de Clinton, sin muchos logros, se debió entre otras a que la mayoría de su partido lo tenía chantajeado y amarrado. Solo, una vez que para el segundo período los demócratas perdieron la mayoría en una de las cámaras, Clinton logró sacar adelante sus más importantes reformas. Otra cosa es que, si bien es cierto que un líder es capaz de transmitir energía, entusiasmo, dirección, enfoque, estilo, los Estados Unidos se caracterizan por la existencia de otros poderes efectivos, adicionales a los tres convencionales que en la fórmula de Monstesquieu reconocemos institucionalmente. Además del legislativo, ejecutivo y judicial, el poder de los lobbystas, es inmenso; el poder de los medios de comunicación es sin medida; el poder de las ONGs, el poder del Departamento de Estado y el poder de los gobernadores reunidos en Conferencia de los federados. Ni que decir de la inmensa burocracia, a la que Alvin Toffler le llamara el Gran Partido Nacional Burocrático. Son todos esos muros de contención, seguramente, resistencias al cambio que con mucha inteligencia, con propósitos y con equipo sin igual deberá afrontar el nuevo gobernante. Voy a describir los tres escenarios que entonces planteaba, solo para dejarlos como referencia para un estudio posterior en el contexto americano. Cambio “simple”Escribía entonces, “representa un “simple” cambio de personas, de estilo, que conlleva algunas reformas para recuperar la “estabilidad” tradicional de la economía (colombiana) y seguir predicando que tenemos la democracia más sólida y antigua de América”. Se aplica la llamada “Estrategia de la Esperanza”, que consiste en que pocas personas, con los suficientes recursos – en este caso del Estado- y mucha esperanza y algo de tenacidad trabajen en un entorno creativo y produzcan resultados viables, mostrables, rentables; mejoras incrementales en lo existente. Que se recupere el espacio perdido en los (cuatro) años del “despelote” samperista… “Busca proporcionar un clima de tranquilidad y resignación. Incluye campañas de información y promoción, referidas a temas puntuales y sensibles… “Utiliza la estructura convencional del Estado, en su mayor parte inoperante, burocratizado, despilfarrador y corrupto... “No faltan las promesas incumplidas, los proyectos irrealizables o las obras “faraónicas”. Estamos bastante acostumbrados a este estilo de gobierno.” Cambio “difícil”“Este escenario compromete aún más en serio el desempeño del gobierno. Implica valerse de la oportunidad, aprovechar la coyuntura para que el cambio ataque problemas estructurales de (nuestra) sociedad… “Además de administrar el país y atender asuntos puntuales, que es un poco la tarea del escenario anterior, exige, además, aplicarse a la solución y superación de problemas que podrían llamarse “estructurales” como la corrupción, la guerra, al impunidad, la inseguridad, el narcotráfico,( …), el desempleo, la vivienda, la salud, la educación, etc., ... “Se define una lista de “problemas” y se escoge qué proyectos, con qué recursos y con qué prioridad se van a atender. Se vale de los instrumentos políticos existentes, pero haciéndoles ajustes en términos de eficiencia y especialización, reforzándolos en el área de gestión o de imagen… “La ejecución se puede delegar en personas de altas calidades, de reconocido prestigio y/o en grupos o equipos de trabajo profesionales que gocen de algún grado de credibilidad y aceptación (…) pues por tratarse de asuntos delicados, su solución, de algún modo, obliga a “pisar callos” a determinados intereses. “Cada persona o equipo gestiona “su” problema, a “su” modo, personalizando la gestión.” Cambio “complejo”Bien, para terminar, escribía hace diez años: “el escenario complejo, implica consideraciones de fondo. Exige un nuevo diseño del Estado, ajustado a los cambios locales, regionales y globales; a las condiciones, desafíos y oportunidades del Siglo XXI; a las necesidades insatisfechas y expectativas… “Exige un nuevo modo de pensar. Repensar el Estado y la sociedad. (…) “Debemos aprender a trabajar con la incertidumbre…” La sociedad mundial a la expectativa, esperaría cambios importantes en la construcción de una nueva política, un nuevo tipo de relaciones basada en el diálogo no en el chantaje y el miedo, compromisos norteamericanos con los grandes problemas ambientales, energéticos, alimentarios, etc. Pero, no podemos olvidar que el presidente se debe a sus electores. Y no podemos olvidar tampoco que los norteamericanos seguirán siendo eso, norteamericanos. Obama no va cambiar de un día para otro el viejo legado cultural del “destino manifiesto” ni la política de pelear cuanta guerra sea necesaria, siempre y cuando sea fuera de sus fronteras, ni de buscar, identificar, señalar y combatir un enemigo como amenaza para la seguridad nacional cada diez o doce años. El gobierno norteamericano no dejará de cuidar los intereses de sus empresarios en el exterior. Y en particular, América Latina, seguirá siendo el “patio trasero”. En estas tierras no se jugará ninguna de las piezas claves del ajedrez mundial para el mantenimiento de la primacía estadounidense como la primera potencia mundial. Así Chávez quiera jugar juegos “de mayores”, en alianzas con los rusos y los iraníes.
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