Apr
24
2009
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Por favor que alguien ayude a su alma a entender que no es bueno para él, para su familia -sobre todo para sus hijitos-, para la democracia y para el país, que se quiera eternizar en el poder. Que alguien ayude a Uribe a entender que no le queda bien que cada vez se parezca más a Chávez, Correa, Evo y Ortega, los de ahora, a otros de no hace muchos años, como Fujimori y a otros tantos, que no quisiera ni mencionar. En una charla telefónica del presidente de Colombia con el expresidente Carter, de los Estados Unidos, se informa que Uribe expresó que "estoy convenciendo a mi alma para no hacerlo", pues "no estoy convencido de mi propia reelección". Qué tal. Por favor que alguien ayude a su alma a entender que no es bueno para él, para su familia -sobre todo para sus hijitos-, para la democracia y para el país, que se quiera eternizar en el poder. Que alguien ayude a Uribe a entender que no le queda bien que cada vez se parezca más a Chávez, Correa, Evo y Ortega, los de ahora, a otros de no hace muchos años, como Fujimori y a otros tantos, que no quisiera ni mencionar. Que alguien ayude a Uribe a entender que el resto de los 44 millones de ciudadanos de este país no somos unos imbéciles, ni cretinos y que, de seguro hay más de una o uno con capacidad de sustituirlo en la presidencia. Ese modo de pensar, de creerse único e irrepetible, y sobre todo, irremplazable, forma parte de un estereotipo que aquí nos impusieron durante mucho tiempo un grupo de “opinólogos”, aduladores profesionales -de los que hay tantos- y que repetían en coro, cada vez que el expresidente Alfonso López hablaba, le contestaban en coro, que "ponía a pensar al país". Siempre que escuché esa estupidez, me sentía humillado y ofendido por la gran cantidad de gente cuerda, estudiosa, investigadora e incluso sabia que hay en este país. Es un modo de pensar propio del paradigma autocrático que todavía no hemos sido capaces de remplazar por uno democrático. Pues en la mayoría de las partes nos quedamos apenas con realizar elecciones para escoger gobernantes que operan, según dijera el peruano Hernando De Soto, como democracias en las que los ciudadanos escogemos cada cuatro años a nuestro dictador. Y eso, donde se prohíbe la reelección, Qué tal, cuando se pretende reelección indefinida y se cambia el "articulito" para adecuarlo a los intereses de coyuntura. Se rompe de plano cualquier criterio de estabilidad jurídica, hoy tan necesario para competir en el mundo global. Al fin y al cabo los gobernantes van acumulando un síndrome de locura permanente, si a este mal se le reconoce como la pérdida de contacto con la realidad. Los gobernantes en su mayoría terminan siendo "secuestrados", aislados, mediados por un círculo de asesores, consejeros y altos funcionarios que terminan confundiendo el interés común con los intereses propios y los del mandatario de turno. Entre ese aislamiento y la admiración -real o simulada- que termina convertida en adulación, los jefes de Estado necesitan demasiado juicio, criterio y apoyo para no creerse sus propias mentiras y terminar reafirmando sus propias creencias como verdades absolutas, una especie de "profecías autocumplidas". Alguien decía que para entender realmente el alma y carácter de una persona, bastaba con otorgarle algo de poder. Qué tal cuando tiene una concentración de poder y lleva más de siete años con índices de popularidad superiores al 70%. Por favor, que alguien ayude a Uribe a controlar su "corazoncito", como diría él mismo, a quien le gusta hablar en diminutivos. Esos amigos, que invirtieron recursos de no se sabe dónde y que superaron todos los topes legales de financiación electoral, le hacen creer a Uribe que es irremplazable. Pero no le agregan que es irremplazable precisamente para ellos, sus más aduladores y serviles amigos. La exministra de defensa y ahora precandidata Marta Lucía Ramírez, en reciente entrevista que le hicimos para nuevapolitica.net, afirma que “muchos de los que abanderan el referendo, no buscan la reelección del presidente sino su propia reelección al Congreso” y, agregaríamos, a la cuota de poder, de cargos, contratos y privilegios acumulados. Hasta dónde son sinceros? Algo de historia Hace siete años cuando Uribe recorría pueblos y ciudades en reuniones para escuchar los problemas de la gente, como estrategia de campaña, y que le funcionaron a manera de "Gurpos de Discusión" -herramienta de investigación cualitativa-, aprendió que la mayoría de los colombianos consideraban la guerrilla como el principal problema y que lo que hacía el presidente de entonces, Andrés Pastrana, no los tenía contentos. Ensayó unas frases, convertirse en el “primer soldado de la patria”, ofrecer como primera acción, acabar con la "zona de distensión"... Cuando Pastrana por fin entendió que la guerrilla se burlaba de él olímpicamente y que el territorio que les había "despejado" era usado para planear secuestros y ataques, reorganizarse, re-apertrecharse, y tomó la decisión de cerrarla, le dio la razón al entonces candidato Uribe quien en las semanas siguientes se disparó en las encuestas hasta volverse prácticamente imparable y ganar las elecciones. Uribe sabe que poner cara de bravo y de "duro", mueve poderosamente las emociones de muchos colombianos que crecieron oyendo de sus padres y maestros que el mejor presidente de este país había sido Carlos Lleras, por un acto de "autoridad", cuando mandó a los colombianos a acostarse luego de anunciar un "toque de queda" con dos o tres horas de anticipación. Esa es una de esas paradojas que hacen este país inexplicable, una sociedad en la que casi todo el mundo quiere estudiar y superarse, pero que en materia política pareciera adorar ciertos actos de autoritarismo. Nadie puede negar la popularidad de Uribe, que más de un analista trata de entender e interpretar bajo el mote del "efecto teflón", expresión con que se explicaba la incredulidad frente a cómo los errores de Reagan no le afectaban su popularidad. Pero no hay "teflón" que dure cien años ni país que se lo resista. Pues bien, una vez llegado al poder, Uribe estableció un programa de caravanas de carros viajando por las principales carreteras hacia los destinos turísticos, con apoyo de la fuerza pública, tanquetas, camiones del ejército y helicópteros, para evitar los criminales secuestros masivos que realizaban el "Mono" Jojoy y sus subalternos de las FARC, a los que eufemísticamente los medios de comunicación llamaban "pescas milagrosas". De ese modo, el gobierno logró que los colombianos se sintieran liberados de una especie de secuestro colectivo en las ciudades. Encima de eso, estableció el programa de encuentros "comunitarios", a los que lleva a todos los ministros y los regaña delante de la gente en jornadas de 8 y 10 horas escuchando las quejas de la población. Esa forma de contacto con la gente, que se siente escuchada, creó y mantiene la sensación de cercanía del gobernante con los "súbditos". Probablemente esas sean las dos claves principales que movieron a la reelección del presidente. Luego, en este período, los certeros golpes a la cúpula de la guerrilla, le mantienen una popularidad sin precedentes durante dos años. Nadie puede negar los logros alcanzados. Y prácticamente nadie en el país quisiera que se retrocediera un centímetro en los logros obtenidos por este gobierno. Sin embargo, afloró un espíritu pendenciero y camorrero, un deseo de estar en todas partes, de hacerle frente a todo, de responder todo y de pelearse personalmente con todo el que se le pusiera de frente. Con las Cortes, con los periodistas, con congresistas, con todo aquel que no le agachara la cabeza. Y empezaron aflorar datos de corrupción, de errores de funcionarios, de abusos de poder, de "falsos positivos”. En esas circunstancias, se podría decir que de una especie de semi-dios, al estilo griego, que teníamos hace dos años, la gente ha empezado a ver que no era tan, tan bueno como parecía y que tampoco era remedio para todo. Al fin y al cabo, el uso del poder produce desgaste y cuando hay tanta sobreexposición, termina saturando. Hoy, mucha gente que ha votado dos veces por Uribe, dice en todas partes que para una tercera lo pensaría, aunque al fin pareciera resolver que "mejor malo conocido que bueno por conocer”. Sin embargo, aún queda más de un año y viene en estampida la crisis económica, coletazo de la crisis mundial, sumado a los efectos no previsibles aún del robo masivo de las "pirámides" que se apoderaron y malversaron desmedidos recursos de la economía informal y que apenas están por verse los daños en el mediano plazo. Lo que se ve venir es alto costo de vida, inflación, desempleo y falta de liquidez. Y obvio, una sensación de desencanto. Si a eso se llega a sumar una estrategia de ataques terroristas de las Farc, que le hagan pensar a la gente que tanto de lo que se ha hecho no ha sido tan efectivo, si sumamos todo eso, podría preverse que Uribe, no va más. Y entonces, frente a un desencanto con lo que significa Uribe y los uribistas, qué? Algo de locura Esto es una locura. Lord Acton decía que el poder enloquece, mientras el poder absoluto enloquece absolutamente. El poder no sólo corrompe, también "produce deficiencias mentales" (Tuchman, 1984). "Una vez que un grupo dirigente ha elegido un curso de acción particular, la locura actúa persistentemente para mantener ese curso a pesar de que algunos dirigentes muestren que es contraproducente y que existan alternativas. Luego, la locura empieza a transformarse en principios rígidos e intolerancia con los disidentes. Después vienen los autoengaños y el ensimismamiento, y se elimina todo residuo de la racionalidad que pudo haber en el grupo dirigente. Y este grupo se convence a sí mismo, en contra de los hechos, de que no existen alternativas al camino que eligió. Acaba convenciéndose de su propia propaganda. Y queda atrapado en sus propias mentiras". (W. Dugger, 1998). Es una seria descripción que cabe en casi todas partes, especialmente por estos tiempos en nuestro vecindario. Gotas para el alma Por fortuna algunos casos nos ilustran de la necesidad de una profunda racionalidad y de un estricto sentido del compromiso, nada fácil de ejercer. Walesa entregó la presidencia de Polonia y al día siguiente llegó a presentarse a retomar su antiguo puesto de electricista en el astillero de Gdańsk. Lindon B. Johnson, en sus memorias afirma “Nada como la presidencia hace que un hombre se enfrente directamente a su conciencia. Sentarse en ese sillón supone tomar decisiones que ponen a prueba los compromisos fundamentales de un hombre. La carga de la responsabilidad adquirida le abre literalmente el alma. Ya no puede aceptar las cuestiones como dadas: ya no puede dar por imposibles de satisfacer las esperanzas y las necesidades. En esa casa de decisión, la Casa Blanca, un hombre se convierte en sus compromisos. Comprende quién es realmente. Aprende quién quiere ser auténticamente”. Y el más meritorio testimonio que conozco de auto advertencia para el alma, es el de Vaclav Havel, el expresidente Checo, quien al recibir el Premio Sonning en 1991, decía "Resulta muy interesante observar lo diabólica que puede ser la tentación del poder. Se puede apreciar mucho mejor en aquellas personas que nunca tuvimos ningún poder y que siempre criticamos con audacia a los poderes por disfrutar de tal o cual ventaja que ahondaba la distancia entre ellos y el pueblo. Cuando de repente nos vemos en el poder, instintivamente empezamos a parecernos a nuestros despreciables antepasados. Nos molesta, nos irrita, pero verificamos que no somos capes de resistirnos. "¿Es que acaso conocemos y sabemos discernir el instante en que ya no se trata del interés del país, al que nos sacrificamos tolerando nuestras ventajas, y se trata ya de nuestras ventajas, que disculpamos hablando del interés del país? "Confieso que se necesita tener un nivel elevado de reflexión y de autocrítica para ser capaz de identificar ese instante, por muy buenas que hayan sido anteriormente las disposiciones. Yo mismo, que lucho constantemente, y con escaso éxito, contra las ventajas de que gozo, no me atrevería a afirmar que soy capaz de discernir siempre y con seguridad este momento. … “Por lo tanto, tienen que ser personas especialmente vigilantes las que se dediquen a la política, personas sensibles al doble sentido de la auto-confirmación existencial que de ella se desprende. Ignoro totalmente si pertenezco al grupo de personas vigilantes. Sólo sé que debería pertenecer, ya que acepté mi cargo”. Por favor, Lina, que alguien, distintos de sus aduladores, le hable al alma de Uribe y le de las luces necesarias.
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| Ultima actualización ( Martes 28 de Abril de 2009 20:03 ) | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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