Feb
27
2010
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Como todos sabemos, la democracia no se funda solo en el origen, por vía electoral y mediante elecciones libres y transparentes, sino en el ejercicio. La democracia exige equilibrio de poderes y sometimiento al Estado de Derecho que, en la práctica, significa que todos se acatan unas normas previstas, estables y que no se cambian al antojo de uno de los poderes para beneficio propio, como viene ocurriendo en algunos países de la región en que el proceso de concentración de poder es prácticamente irrefrenable. La debilidad y el espíritu sumiso de magistrados y "representantes" en otros países y el discurso populista y confrontacional han permitido que algunas democracias latinoamericanas entren en un proceso de cesarismo populista, en que los gobernantes concentran todos los poderes y manejan los destinos de sus naciones a su antojo y capricho. Acto de inteligencia de la Corte, acto jurídico por calificar los vicios de trámite y la ruptura del orden constitucional con esta nueva reforma ad hoc,y supremo acto político por preservar la institucionalidad. Aparte, buena cantidad de colombianos agradecen a Uribe su determinación en la lucha contra la violencia subversiva, pues sus acciones devolvieron un sentido de tranquilidad y confianza a los ciudadanos, cuando todos nos sentíamos secuestrados en pueblos y ciudades ante la incapacidad del Estado de protegernos de los secuestros masivos en carreteras, que de manera ligera e irresponsable, los medios llamaban con un macabro eufemismo: "pescas milagrosas". Y luego, los golpes a las Farc, con la muerte de algunos de sus más sobresalientes cabecillas. No deja mucha claridad el proceso con las AUC, o paramilitares. Queda una tremenda cuenta pendiente, pues muchos de ellos siguieron generando masacres desde prisión y otros se han rearmado y azotan distintas zonas del país. En los dos últimos años, empezó a notarse fuertemente el abuso de poder y corrupción de algunos funcionarios, sin acciones contundentes por parte del gobierno para controlarlos. Y lo peor, ese espíritu pendenciero y camorrero que se había apoderado del alma del presidente. Enfrentamientos verbales con estudiantes, con magistrados, con periodistas, gobernantes vecinos. Le estaba imprimiendo al estilo de gobierno y a las actitudes políticas un desafortunado y preocupante espríritu de confrontación. ¿Si eso era así a tres años de su segundo gobierno, que nos podría deparar a partir del primer año de su tercer gobierno? Gracias señores magistrados. Porque a pesar de los problemas de violencia, narcotráfico, corrupción, desempleo, desequilibrio social y económico, al menos, podemos respirar tranquilos, pues la institucionalidad pervive.
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Es un alivio constatar que la Corte Constitucional dió señal de garantía y estabilidad de la democracia colombiana, al declarar inexequible la convocatoria a Referendo que de manera irregular se había tramitado con el propósito de reelegir para un tercer período al actual presidente, con el pretexto de algunos que nadie más era capaz de gobernar este país. 