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Oct
08
2008
¡Todos ganaron! Elecciones Colombia 2007 PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Javier Loaiza   

El presente análisis muestra el aumento de la votación, la consolidación de cinco partidos minoritarios, la recuperación de los partidos "tradicionales", la presencia todavía de un tercio de la votación dispersa en múltiples movimientos de "garage" y la posibilidad de una nueva relación Nación-Regiones por cuenta del resultado en algunas gobernaciones, entre otros.

Qué pasó en las elecciones colombianas del 28 de octubre/07

Las elecciones regionales y locales del 28 de octubre pasado en Colombia, presentan resultados interesantes que podrían dar luces acerca de lo que podría ocurrir para las presidenciales y congresionales del 2010. Sin embargo los distintos analistas y medios de comunicación parecen no coincidir en la lectura de los resultados. Ello se debe probablemente a cuatro factores: 1. La urgencia de presentar datos e intentar ser el primero a través de los medios y apuntarse a una lectura mayoritariamente aceptada; 2. Se trata del segundo proceso electoral local-departamental realizado al amparo de la reforma constitucional del 2003, que disminuyó el número de organizaciones políticas en competencia; 3. La variedad de cargos y corporaciones por las que se votó y las diferencias de resultados para unas y otras, y; 4. La influencia de la violencia y la corrupción en el proceso.

 

Para hacer una análisis de la fortaleza partidaria, parece más coherente mirar los resultados para Asambleas Departamentales, pues si se tiene en cuenta que la mayoría de candidatos a alcaldes y gobernadores eran producto de alianzas entre organizaciones disímiles y a veces enfrentadas en el nivel nacional y los concejos con fuerte impacto de problemas locales y presiones de distintos sectores producto de la violencia armada y la corrupción. Así el voto por diputados departamentales, es probable que recoja un poco más el sentimiento o la tendencia partidaria de los electores.

Otro dato importante es el aumento significativo de la participación pues en todos los casos se superó la votación entre el 19% y el 31%. La votación de alcaldías pasó de 11.618.169 en el 2003 a 15.166.088 en 2007. Para las Asambleas se votaron en 2003, 10-928.559 ciudadanos y en la última elección lo acaban de hacer 13.009.314 votantes.

Todos ganaron

Lo que sí parece una regla común en los medios masivos, durante las dos semanas siguientes a la elección, es que cada uno interpreta el resultado y lo divulga haciendo énfasis en la parte que más le interesa. De ese modo, cada uno a su manera reclama una victoria política importante en las elecciones.

Por ejemplo, los liberales se presentan como el partido más votado, como de hecho lo fue, aunque obtuvo menor cantidad que en las elecciones anteriores. Los conservadores presentan su resultado en alcaldía que les significó un incremento del 50% en las poblaciones aunque siguen desaparecidos de las grandes ciudades. La U se alegra de lo obtenido por ser su primera vez en este tipo de elecciones con la mayor votación en siete departamentos, y aunque obtiene la tercera votación total, no se consolida como la mayor fuerza de la coalición uribista, es importante señalar que alrededor del 30% de su votación es por el partido, no por los candidatos, lo que sugiere un voto adicional a favor del propio Uribe.

Cambio Radical que aspiraba a importantes resultados se debe contentar con un cuarto lugar y modestos triunfos, sobre todo el resultado para el concejo de Bogotá. El Polo Democrático Alternativo, PDA, que representa la coalición de tendencias de izquierda, por su parte, proclama una derrota a Uribe con la elección del alcalde de Bogotá, aunque su votación total en todo el país apenas supera en un 30% la del burgomaestre capitalino y se queda con solo una gobernación. Igualmente, Convergencia Ciudadana con votación cercana a los 700 mil votos, aparece como la sexta fuerza política y tal vez el último con vocación nacional, o por lo menos con presencia importante en dos terceras partes del territorio colombiano, pues obtuvo votación 20 de los 32 departamentos.

Partidos más pequeños, parecieran tender a desaparecer o enfrentar serias dificultades para consolidarse como Alas-Equipo Colombia, con resultado bastante lánguido, no alcanza a llegar al medio millón de votos, a pesar del triunfo de uno de sus fundadores con la elección a la gobernación de Antioquia y votación destacada en Valle y Bogotá. Los movimientos de las “colombias”, de fuerte inspiración uribista, - Colombia Viva y Colombia Democrática- pero con sus dirigentes en serios problemas por vínculos con la “parapolítica” –políticos investigados por nexos con los paramilitares-, apenas llegan a 400 mil votos.

Cinco “grandes”

Así pues, se consolidan los cinco partidos más fuertes del país que desde las elecciones de congreso del 2006 se habían perfilado, en la nueva lógica impuesta por la reforma constitucional del 2003. El asunto es que aunque cada uno según se lea, se reclama mayoritario, son cinco minorías que ninguna por sí sola puede decidir el futuro de la política colombiana.

Aparecen en orden de votación, Liberal, Conservador, La U., Cambio Radical y el Polo. Les siguen Convergencia y Alas-Equipo Colombia. Este último solo muestra fuerza en Antioquia, donde ganó su candidato a la Gobernación Luis Alfredo Ramos, en Valle y Bogotá y ganó la capital departamental en Arauca.

También es importante considerar que en alcaldías y concejos hubo representación importante de movimientos “por firmas”, que no aparecen vinculados directamente a ninguna fuerza nacional y se presentan como alternativos a nivel local, principalmente, con un ámbito bastante reducido a su propia circunscripción. Así, de 96 organizaciones políticas que presentaron candidatos a alcaldes y gobernadores, 76 obtuvieron una alcaldía. Sólo cuatro obtuvieron más de 100, Conservador 240, Liberal 206, la U 123, Cambio Radical 112. El Polo Democrático, solo obtuvo 20 alcaldías, incluida por supuesto Bogotá la capital de Colombia.

Es necesario reconocer que la vieja época de partidos mayoritarios tiende a desaparecer, al punto que partidos que habían obtenido entre el 20% y el 15% en los resultados de congreso del 2006, en estas elecciones obtienen menores resultados. El proceso de ajuste continúa. Sobre una votación total por asambleas departamentales, los seis más grandes partidos obtienen el 59% de la votación, mientras que el resto de movimientos políticos obtiene el 41%. De hecho el partido más votado, el viejo y otrora mayoritario Partido Liberal al que se le alcanzó a llamar el “PLI” por hacer una comparación con el PRI mexicano, apenas se quedó con el 16% de los votos. Los conservadores obtuvieron 14%, mientras que la U y Cambio Radical quedaron con 11% y 9% respectivamente. El PDA y Convergencia, cada uno no obtiene más que el 5% de la votación total.

Resultados por partido

El Partido Conservador obtuvo cinco gobernaciones aumentando de tres en el 2003. Pasó de 158 a 240 alcaldías y de 60 a 76 diputados a las Asambleas departamentales.

En relación con gobernaciones, el Partido liberal de 12 cayó a seis. De 228 alcladía en 2003, quedó con 206 y de 124 diputados quedó con 103.

La U, que por primera vez compite e nivel regional y local, de cero gobernaciones obtuvo 7; consiguió 123 alcaldías y 59 diputados

Cambio Radical, por su parte, obtuvo 3 gobernaciones sin que antes tuviera ninguna; de 25 alcaldías pasó a 112 y de 11 diputados, pasó a 48

El Polo obtuvo una gobernación, subió de 16 a 20 alcaldías y de 10 a 22 diputados.

Es importante resaltar que la mayoría de organizaciones hicieron énfasis principalmente en la calidad y experiencia de sus candidatos, lo que sugiere que aún no se logra superar la etapa de la “personalización” de la política que estimuló la Constitución del 91 al liquidar el bipartidismo y abrir paso a un multipartidismo que terminó siendo considerado como la fase de “microempresas electorales” o “partidos de garaje” por la cifra superior a 60 organizaciones reconocidas por el Estado, que podían postular desde concejal del más pequeño municipio hasta candidato a la presidencia de la República y recibir todos los beneficios de un partido político.

En el sentido de presentarse como partidos que representan temas y propuestas coherentes, solamente merecen mención el Partido Conservador que hizo una modesta campaña presentándose como el que promueve la seguridad, el orden y la familia, principalmente. El partido Liberal que presentó algunos anuncios de TV (spots) reclamándose como el autor de la Reforma Política, la tutela, la descentralización, entre otros temas, y el partido de la U, en el que algunos candidatos se presentaron como los representantes de Uribe y dos semanas antes realizaron un acto con candidatos donde afirmaron que sus representantes que resultaran electos se comprometían a trabajar por la seguridad ciudadana y la lucha contra la pobreza. Sin embargo, ninguno de esos partidos, pasadas dos semanas ha hecho referencia a una política coherente que se proponga desarrollar, en ninguna materia, en los distintos ámbitos donde obtuvo representación o gobierno.

Bloques políticos

El bloque de la coalición uribista, obtiene un resultado mayoritario en todos los aspectos. La votación sumada de Conservadores (1.856.414), la U. (1.627.687) y Cambio Radical (1.467.161) representa 4.951.262. Si, además, a este valor se suman los resultados de Convergencia Ciudadana (685.872) y Alas-equipo Colombia (499.612), se obtiene una votación altamente mayoritaria de 6.136.746. a ello podrían, aún sumarse resultados menores de Apertura Liberal, Colombia Democrática y Colombia Viva, que superan los 420.000 votos.

Aparte, el partido liberal obtuvo una votación de 2.253.666 y el Polo, un total de 1.072.381, luego de sumar 711.518 de asambleas y 360.863 del concejo de Bogotá.

De otro lado, aunque las nuevas organizaciones políticas obtienen importante votación merece revisar el comportamiento de las fuerzas tradicionales Liberal Conservadoras, que desde el año 2000 se les declaraba en “vías de extinción”. Sumadas la votación de los dos partidos tradicionales, representan una tercera parte del electorado con más de cuatro millones de votos, mientras que las cuatro nuevas fuerzas, U, Cambio Radical, Polo y Convergencia, apenas suman 800 mil votos mas que los dos partidos tradicionales. El resto de votos los obtienen las organizaciones con impacto regional o local obtienen cuatro millones de votos.

Problemas para el gobierno central

En estas condiciones, la relación de las administraciones departamentales, tradicionalmente sumisas con el gobierno central, podría entrar en una nueva política si los gobernadores coordinan una estrategia común para afrontar el centralismo muchas veces soberbio y displicente. No otra cosa se podría desprender si se revisa el mapa político. Pues, contrario a lo que muchos piensan que se trata de un espacio para el “reencauche” político de dirigentes nacionales sin mucho espacio por la popularidad de Uribe. La coincidencia de un importante grupo de “pesos pesados” algunos de los cuales han sido candidatos o precandidatos presidenciales, es decir que se han puesto el “traje” de estadistas y otros con vastísima experiencia en la política nacional, hacen sospechar que el gobierno nacional va a tener que adoptar una actitud para con ellos, cuando menos, de mucha consideración y respeto.

Sin embargo, está por verse el pulso que se dará en la Conferencia de Gobernadores entre los uribistas y los opositores. Si de mayoría se trata, es posible que la presidencia la obtenga Luis Alfredo Ramos de Antioquia, que podría generar dos bloques, uno liderado por Ramos con mayoría de gobernadores de “mediano perfil”, sin mucha experiencia, enfrentando la fuerte oposición de un grupo de reconocidos y experimentados dirigentes opositores y con mucha audiencia en los medios y en la opinión nacional.

Del sector de oposición al gobierno, la izquierda con el PDA, se quedó con la alcaldía de Bogotá, repitiendo triunfo con una elevada votación y una gobernación en la que derrotó a una coalición de fuerzas uribistas. Y no solo eso, fue electo un reconocido líder, exguerrillero del M-19, exsenador, excandidato presidencial y excopresidente de la Asamblea Constituyente del 2001, Antonio Navarro, gobernador del departamento de Nariño, departamento limítrofe con Ecuador y que podría ser puente para importantes relaciones con el actual presidente Correa, representante del “Socialismo del Siglo XXI”.

A estos dirigentes izquierdistas se suma un importante bloque de gobernadores liberales encabezados por otro de los excopresidentes de la constituyente, excandidato presidencial dos veces, exministro, exsenador, excontralor, Horacio Serpa, gobernador de Santander, departamento vecino de Venezuela y quien en la campaña del 2006 mostró simpatía con el discurso Chávez, aunque al final pareciera sentirse más cómodo con la línea brasilera de Lula Da Silva. Andrés González, ex ministro, exsenador y exgobernador, muy cercano al expresidente Cesar Gaviria, jefe del Partido Liberal, va a dirigir los destinos del departamento de Cundinamarca, en pleno centro del país, que comparte a Bogotá como capital. En Atlántico, el exconstituyente, exsenador y exgobernador Eduardo Verano de la Rosa, liderará la política liberal en la Costa Caribe, luego de derrotar una fuerte coalición del bloque uribista.

Es muy probable que a ese bloque se sume el exministro liberal que se eligió en nombre de los afrocolombianos en el Departamento del Cauca, Guillermo Alberto González.

En esas condiciones, el grupo de 32 gobernadores podría quedar enfrentado en dos bloques, arrastrando a sus más cercanos diputados, alcaldes y concejales ó una relación armónica para afrontar las relaciones con el gobierno nacional en el marco de lo que podría ser el inicio de un camino hacia la regionalización y un consolidado proceso de descentralización. Ya el propio Navarro en el cierre de su campaña electoral anunciaba la necesidad de un proceso de desmonte del poder central en una nueva correlación de fuerzas.

Conclusiones

Las cartas están echadas y va a depender mucho de los resultados que Uribe tenga en el próximo año para que se defina el horizonte hacia las elecciones del 2010. Se impone una época de coaliciones y acuerdos, ojalá sobre aspectos temáticos y programáticos, más que sobre figuras y temas de coyuntura.

La vieja pelea violenta de los años cincuentas por la torta del poder entre dos partidos, es prueba superada. La época de repartos concupiscentes entre los mismos dos, no tiene espacio. El clientelismo pos “Frente Nacional”, penalizado y castigado desde la constitución del 91, cede terreno. La fuerte personalización con las microempresas electorales cede terreno y apenas pareciera quedar en menos de un tercio; de hecho las autoridades, los medios de comunicación, diversas ONGs y gran número de organizaciones sociales estuvieron atentos a denunciar y evitar la coacción al voto por violencia o corrupción. Se empieza a vislumbrar la institucionalización de partidos, a raíz de la reforma constitucional del 2003, pues seis partidos obtienen dos tercios de los votos locales y departamentales. Ya en las elecciones de Congreso del 2006, a nivel nacional cinco fuerzas habían obtenido casi el 80% de los escaños.

Se podría decir que el juego está abierto. Por un lado, la posibilidad de consolidación del bloque uribista con Uribe III, un clon de Uribe o un candidato de unidad, situación esta última bastante difícil pues cada sector reclama su derecho a ser el heredero legítimo y, de hecho, en cada uno de los integrantes de la coalición abundan los candidatos.

De otro lado, el partido liberal podría decirse que “reflota” y rompe la tendencia a la caída, en la medida en que obtiene la más alta votación y elige importantes gobernadores que van a ser torres muy fuertes del ajedrez liberal, a pesar de la disputa interna entre los sectores gavirista y samperista.

El PDA, se apodera de Bogotá y del discurso antiuribe, aunque se debate en la emulación interna entre los radicales y ortodoxos, los más centristas (Lucho Garzón) y el protagonismo del senador, exguerrillero Petro, quien combina una estrategia de “desmarcarse” de la guerrilla y su cercanía y amistad con Chávez.

Si liberales y Polo se unieran, a partir de los votos obtenidos, arrancarían con una base cercana a la tercera parte de la votación. El boque uribista tendría un poco más de la mitad. Pero quedan una cantidad de movimientos y grupos pequeños, dispersos por todo el país.

A esas posibilidades meramente aritméticas y partidarias, habría que sumar los efectos de la política de “seguridad democrática” contra las FARC, el desenlace del proceso con los paramilitares, el “Acuerdo Humanitario”, la conformación de bloques o unidad de los gobernadores y alcaldes de las principales ciudades y, la manera como jueguen Venezuela y Estados Unidos, entre otros factores.

La partida promete ser interesante.

Bogotá, noviembre 13 de 2007

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Javier Loaiza
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