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Apr
29
2009
La era del nacionalpopulismo Latinoamericano PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Javier Loaiza   

La era del Nacional Populismo Latinoamericano


La revolución de los claveles, de abril de 1974 provocó la caída de la dictadura salazarista que dominaba Portugal desde 1933, la más longeva de Europa, dio inicio a la llamada Tercera Ola de la Democracia (Huntington), durante los quince años subsiguientes, que permitió en aproximadamente treinta países de Europa, Asia y América Latina, que los regímenes autoritarios fueron remplazados por gobiernos democráticos.

En plena Tercera Ola de la Democracia, la democracia en América Latina inició un proceso de inserción en el mercado mundial, con altos costos sociales y económicos, llamado "la década perdida", expresión que da prioridad a la economía sobre la política. En lo político, sin embargo, había significado el remplazo total de las dictaduras, salvo Cuba, por sistemas democráticos y de elección popular.

El ciclo económico

En esa "década perdida" de los ochenta, tuvo  gran impacto la crisis de la deuda externa que provocó varios años consecutivos de crecimiento negativo.  Luego, los noventa resultaron para la economía Latinoamericana el retorno al crecimiento económico, sin lograr altos índices, por lo que se le llamó como “economía débil” o de “equilibrio inestable, que .

La economía Latinoamericana de los noventa requirió importantes reformas en la institucionalidad económica. Esta fase se apoyó en el llamado Consenso de Washington y el Plan Brady, y en estrategias de apertura y regionalización, que se desarrolló con políticas de apertura externa, reducción de aranceles, políticas cambiarias orientadas a financiar el pago de la deuda externa, además de la recuperación de la confianza de los inversores internacionales, que permitieron a América Latina volver a tener acceso a los capitales internacionales.

La nueva fase, con todas sus limitaciones, permitió que la economía de América Latina comenzara a superar dos rémoras históricas: inflación y déficit público. De otro lado, significó un proceso de concentración y centralización del capital mediante la fusión, absorción, compra, etc., y la consolidación de grandes grupos empresariales de la región

Al final, en comienzos del presente decenio, los países logran reducir temporalmente las altas tasas desempleo, la deuda externa, controlar la inflación, aumentar flujos de capital para inversión externa, y aumentar los niveles de gasto público gracias fundamentalmente a los altos precios de los comodities -materias primas o a granel-. Todo ello había generado un enorme optimismo entre economistas y gobernantes que creían estar en medio de un ciclo de crecimiento hacia el desarrollo. Todo ello parece haber generado un desencanto entre grandes grupos de población, que ha abierto paso a toda clase de experiencias populistas, nacionalistas y con tendencias despóticas y totalitarias.

Déficit social

En lo social, el balance es todavía menos optimista. A pesar del crecimiento económico, en 1997 había más de cuatro millones de personas pobres que las de 1990. El proceso de reducción de la pobreza, prácticamente se estancó en la región desde 1997. Por ejemplo, se pasó del 42.5% de la población total en el año 2000 al 44.2% en el año 2003, lo que equivale a decir que 224 millones de personas en Latinoamérica y el Caribe viven con menos de dos dólares al día (umbral de pobreza). De éstas, unos 98 millones de personas (19,4% de la población) están en condiciones de pobreza extrema o indigencia, es decir, que viven con menos de un dólar al día.

La pobreza en la región se volvió un problema estructural que excluye inmensas cantidades de personas del sistema social y económico formal, lo que no significa, que carezcan de bienes y servicios, sino la existencia paralela de redes y reglas informales de acceso a ellos. Es la pobreza más difícil de atacar por las políticas estatales, por  su informalidad, que les aleja del acceso a bienes y servicios provistos por el Estado o por el mercado.

La eficacia de los gobiernos en la disminución  de la pobreza, incluye su capacidad de terminar con la exclusión y la marginalidad, lo que requiere la participación de los protagonistas, pues es difícil detectar los centros neurálgicos de la pobreza producto de la informalidad y, luego, más difícil cambiarla. Exclusión y desigualdad aparecen entonces como las principales causas de lo que se conoce como un “déficit de ciudadanía", que termina agravando la situación.

Déficit de ciudadanía

En América Latina desde la colonia, ha habido una dinámica de crecimiento económico con altas tasas de heterogeneidad, con permanente tensión de exclusión económica y social, que provoca niveles preocupantes de aversión al Estado y un proceso de marginación respecto a los comportamientos ciudadanos. Al final, hace perder la confianza en el sistema democrático y abre el espacio para las propuestas “salvadoras” y anti-sistémicas que empiezan a proliferar.

La suma de pobreza, marginación y exclusión, sostenida durante generaciones, provoca la frustración de una parte relevante de latinoamericanos e impide que adecúen sus comportamientos a los de una ciudadanía activa y responsable. Mercados incompletos en lo económico, sumados a democracias imperfectas en lo político, son terreno fértil para que nazca y se reproduzca un modelo de desarrollo caracterizado por la falta de un agente social activo que ejerza plenamente sus deberes y derechos ciudadanos.

La agudización de la marginalidad y exclusión durante los ochenta y noventa, además ha afectado la seguridad de las personas. La tendencia a actuar al margen de la ley es reforzada por el desprecio a aceptar un lugar en la ciudadanía y sentirse parte de una sociedad con la que se han asumido compromisos y que le debería, a su vez, ofrecer espacios de seguridad y protección. Los déficits de ciudadanía son además, un factor de riesgo para la estabilidad de los sistemas políticos Latinoamericanos. La existencia de amplias capas de población en condiciones de marginalidad extra-sistémica, les hace  presa fácil para las propuestas "nacional populistas".

En ese orden de ideas, el impacto de las demandas sociales, en el marco de procesos acelerados de urbanización, fueron demostrando la incapacidad del aparato público de atender las expectativas y necesidades de los habitantes. Los ciudadanos, ante la incapacidad de los gobernantes de resolver sus problemas y expectativas, han resuelto salir a las calles a hacerse sentir y reclamar la atención de los Tomadores de Decisiones Públicas. Esta salida se convirtió a su vez en la oportunidad para que se consolidaran no solo propuestas que pregonan el énfasis en lo social y que hacen de la pobreza su principal bandera, sino más allá, expresiones nacional-populistas que se apoyan en las necesidades de la gente, la ignorancia y el asistencialismo de un lado y, con la amenaza, el miedo y la confrontación del otro.

El Populismo latinoamericano

El Populismo es un estilo de gobernar más que una ideología política y se manifiesta no solo el gobierno, sino que incluso se puede considerar una estrategia de campaña en los procesos electorales.

Por lo general, nace de un líder carismático percibido como parte del pueblo, que entiende sus problemas y dificultades. Explotan el sentimiento de opresión de la gente y los desequilibrios sociales caracterizados como “injusticia”  para movilizar tanta gente como puedan, muchas veces en contra de los intereses de las elites sociales o políticas. En campaña, en la nueva tendencia, se señala a los partidos políticos de incapaces, corruptos y aliados del poder económico, que en principio, en la región generaron los conocidos como “outsiders”, que en abierta personalización de la política se presentaban como los salvadores del pueblo.

Los líderes populistas, una vez en el poder se mantienen precisamente por medio de su popularidad, y por esto, es necesario para ellos implementar y mercadear políticas que favorezcan al pueblo, lo cual muchas veces significa poner a un lado las leyes y normas de la Constitución. Incluyen la nacionalización de compañías extranjeras, o la decisión de no pagar la deuda externa. Las corporaciones y elites económicas tienden a ser las más afectadas por las políticas populistas, puesto que el líder acude a ellas para crear antagonismos sociales que favorezcan su posición y en especial a utilizar el gasto público para estimular distintas formas de asistencialismo estatal. Así, el líder es percibido como el defensor del pueblo contra los intereses voraces de las corporaciones, las clases altas y los intereses extranjeros e “imperialistas”.

El movimiento populista enfatiza además la democracia directa, aunque en diferente intensidad. Un populismo que solo ataque a las grandes corporaciones y sin embargo no se meta con el Estado sería un populismo a medio hacer. Un elemento central en la ideología del populismo es la insistencia en que existe un trama de concentración de poder político y económico; el objetivo del movimiento, entonces, se predica una amplia distribución hacia abajo de ese poder, hacia el "pueblo".

Latinoamérica ha proporcionado un ambiente propicio al populismo. El Ecuador tuvo a José María Velasco Ibarra, México tuvo a Lázaro Cárdenas, y Perú a Víctor Raúl Haya de la Torre. El caso más obvio, sin embargo, fue el General Juan Perón en Argentina. Getulio Vargas, en Brasil llega al poder en 1930 mediante una revolución, mientras asumía actitudes duales y ambiguas durante la campaña que nada parecía distinguirlo de los otros hábiles políticos típicos de la República Vieja. En Colombia, Jorge Eliécer Gaitán fue uno de los líderes más carismáticos de su historia. Su fuerte condena a la oligarquía y su interés por el bienestar del pueblo lo llevó a convertirse en la figura política más popular de su tiempo. Su capacidad oratoria lo llevó a los palcos más concurridos de Bogotá, se ganó la lealtad del pueblo.

El Estado Nación

El “Estado Nación”, definido por primera vez por Juan Bodino, se encontró con su primer problema, la falta de una gran burocracia, lo que le hacía como un tigre de papel. Necesitaba de personal a su servicio, un cuerpo de policía, y debía estar defendido. Pero a ese séquito y ese ejército había que pagarles, lo que se resolvió de la manera más eficaz, mediante impuestos. A su vez esto requería personal de hacienda, de aduanas y de tasación. El cuerpo de policía necesitaba hacer valer la singularidad del Estado, así como los soldados resguardaban las fronteras. Pronto se hizo evidente que el Estado Nación era un ideal muy caro, aunque los europeos estaban dispuestos a pagar el precio con tal de poner fin a la serie de guerras por el territorio. (K. Ohmae)

En el Siglo XIX, el Estado Nación empezó a usar una mayor ornamentación y mayor número de símbolos –águila norteamericana y oso ruso, entre otros- y su himno nacional, que debían inspirar lealtad y una devoción casi religiosa, un sentido de unidad, era como la marca, la imagen, la patente de identidad del Estado Nación. En lo económico se creó su propia y única moneda y para protegerla se inventó un banco central nacional, los aranceles altos protegerían la economía de la competencia. Más adelante, cada Estado debía tener su propia línea aérea “nacional”.

Desde fines del siglo XIX, los europeos exportaron su invento. Los revolucionarios de la independencia en Latinoamérica estudiaron y se formaron en las ideas del naciente Estado Nación europeo y montaron fronteras ficticias, sobre supuestos inexistentes, hasta donde cada uno podía abarcar. Todas aseguraban ser diferentes. Trazaron mapas para delimitar su territorio, pelearon costosas y desastrosas guerras cuando ese territorio era violado. Aún persisten disputas territoriales sin resolver que, de cuando en cuando, son exacerbadas para mover la pasión y el espíritu nacionalista. Al fin y al cabo como dice el aforismo latino, “guerra en las fronteras, paz en el interior”.

Los Estados latinoamericanos, la gran mayoría ridículamente minúsculos e inviables, tenían economías dominadas por las exportaciones de un producto o un número limitado de materias primas. Ya en el siglo XX, cada una trató de fortalecer su economía creando industrias nacionales costosas, antieconómicas y poco competitivas, para sustituir las importaciones. La exportación no estaba en la mira, pues en medio de la secular ceguera, se daba la espalda al mundo exterior. Cada uno se creía una isla autosuficiente y no faltaron los fanáticos pregoneros de una apasionada autarquía. Mientras más se industrializaban se volvían más dependientes de capital extranjero.

El Estado Nación, al final, prometió mucho, pero dio poco. En el mundo de hoy, lejos de hacer las cosas más fáciles, amenaza con empeorarlas. Departamentaliza las destrezas y los mercados en vez de apalancar el desarrollo en el mundo actual, cada vez más interdependiente. Como han constatado desde entonces los devotos de un gobierno grande, cuanto más grande es, más caro resulta. Y sin que importe cuánto se les pueda pagar, parte del dinero se canaliza hacia el bolsillo de los recaudadores. Está probado que el Estado Nación es demasiado grande y torpe para resolver los problemas locales y demasiado incompetente para atender los nuevos desafíos globales. Así como es incapaz de recaudar adecuadamente los tributos que impone es más incapaz de invertirlos y distribuirlos.

Cada Estado Nación debía, además, tener un ejército, mientras más grande y mejor equipado, mejor, y se atrajo un elemento bastante peligroso: el nacionalismo. El Estado era la encarnación del “espíritu nacional” que se encontraba, y solo debía encontrarse en la gente de un determinado grupo étnico y en quienes hablaban la lengua “nacional”. El arquetipo de funcionamiento básico ha sido la confrontación antes que la cooperación. Al final se constata que un estado Nación herméticamente cerrado, totalmente autosuficiente, es absurdo.

Está claro que el problema central del Estado Nación no es tanto el tamaño, grande o pequeño es incompetente, el problema es su incapacidad de gestionar lo local y lo global. Ya los ciudadanos no toleran un estado “metido”, en Estado basado en la ineptitud y la estupidez, que pretende regular, controlar y a la vez administrar y operar. Es decir un Estado que concentra funciones en manos de una costra burocrática insalvable, regida por un todopoderoso gobernante que día tras día pierde más y más el contacto con la realidad. Que confunde el bien de los ciudadanos y de la su pueblo con su supervivencia en el poder.

El nacionalismo en Latinoamérica

Mario Vargas Llosa afirma que “Si hay un continente donde el nacionalismo ha hecho estragos es América latina. Esa fue la ideología en que vistieron sus atropellos y exacciones todos los caudillos que nos desangraron en guerras internas o externas, el pretexto que sirvió para dilapidar recursos en armamentos (lo que permitía las grandes corrupciones) y el obstáculo principal para la integración económica y política de los países latinoamericanos. Parece mentira que, con todo lo que hemos vivido, haya todavía una izquierda en América latina que resucite a estos monstruos -la raza, la bota y el nacionalismo- como una panacea para nuestros problemas”. Y agrega, “de un tiempo a esta parte y gracias a personajes como el venezolano Hugo Chávez, el boliviano Evo Morales y la familia Humala en el Perú, el racismo cobra de pronto protagonismo y respetabilidad y, fomentado y bendecido por un sector irresponsable de la izquierda, se convierte en un valor, en un factor que sirve para determinar la bondad y la maldad de las personas, es decir, su corrección o incorrección política. “

El Nacionalismo, como movimiento en sus orígenes creía en la creación del Estado Nacional como indispensable para realizar las aspiraciones sociales, económicas y culturales de un pueblo. El nacionalismo se explicó por un sentimiento de comunidad de un pueblo, sentimiento basado en un origen, un lenguaje y una religión comunes. La introducción de Constituciones nacionales y la lucha por los derechos políticos permitieron otorgar a los pueblos una conciencia autodeterminación de su destino como nación. Al mismo tiempo, el crecimiento del comercio y de la industria allanó el camino hacia la formación de unidades económicas mayores que las ciudades o provincias tradicionales.

Una vez nacido en un territorio, parte de una nación, la persona queda adscrita y sujeta a las reglas, determinaciones y modos de vida aceptados como los válidos por la “comunidad nacional”, reforzados por los aparatos educativos, de comunicaciones, económicos, de hacienda y finalmente, de policía y ejército. Incluso se llegó a estimular factores culturales y raciales para explicar la diferenciación, e incluso, una supuesta supremacía frente a otros.

El fascismo

Para  Juan Linz, se trata de “…un movimiento ultranacionalista…anti-parlamentario, anti-liberal, anti-comunista, populista y por lo tanto anti-proletario, parcialmente anti-capitalista y anti-burgués, anticlerical…que procura la integración social nacional a través de un partido único y una representación corporativista no siempre enfatizadas por igual; con un estilo y una retórica propios, que confió en la organización de cuadros militantes para la acción violenta, combinada con la participación electoral, para conquistar el poder con fines totalitarios…”

La dictadura unipersonal, el nacionalismo extremo, y la belicosidad interna y externa, son esenciales del fascismo, y pueden asimilarse al fascismo y nazismo originales. Además, se convierten en realidades políticas de  naturaleza revolucionaria y radical opuesta a todos los proyectos políticos derivados de la ilustración, al comunismo y la socialdemocracia, así como al liberalismo de raigambre anglo-sajona.

El Nacional Populismo

"En economía soy de derechas y en lo social de izquierdas, pero por encima de todo soy francés". Así se definió Jean-Marie Le Pen tras su éxito electoral en la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas de 2001.

La sociología electoral confirma el éxito de esta táctica en los movimientos extremistas de izquierdas o de derechas. Los ultras consiguen atraer a antiguos votantes izquierdistas o derechistas o consolidarse entre los nuevos votantes jóvenes, casi todos con perfiles socioeconómicos, su apoyo se "cristaliza" y logran un electorado fiel, traducido en una representación política que aumenta de forma directamente proporcional a la abstención.

Los ataques contra el capitalismo global y el libre comercio y la férrea defensa del corporativismo y de algunas funciones del Estado del Bienestar, banderas abandonadas por muchos partidos socialdemócratas, proporciona una interesante pista en la explicación del crecimiento del nacional-populismo en algunos países. Pareciera darse con un fuerte anclaje de valores como la dependencia y el clientelismo.

En Europa es necesario agregar las tensiones creadas por el multiculturalismo como principio rector de las políticas públicas, promovidas por una burocracia que paradójicamente no tiene contacto tiene con los trabajadores extranjeros, sobre los que ejerce un paternalismo que raya el racismo. El tono de piel, la cocina y la lengua materna de los padres como factores cuasi-genéticos, es decir, el retorno del rol adscrito sobre el adquirido, es una revuelta de las tribus comentaristas y posmodernas contra el principal logro de las revoluciones liberales decimonónicas. En América Latina, esa tendencia se resuelve en un discurso anti-norteamericano y contra algunos países vecinos, que sirven de pretexto para animar la retórica nacionalista.

Chávez en Venezuela se mantiene a base de asistencialismo y discursos cargados de emocionalidad contra los “enemigos de clase”, con fuertes descargas nacionalistas anti-norteamericanas, acompañadas de una persecución sistemática a todo lo que no le sea favorable, además de meterse en una carrera armamentista, la movilización de un frente mundial antiamericano y la creación de las milicias bolivarianas.

Evo Morales en Bolivia, estimula la confrontación de clase, apoyada por la reivindicación indigenista, revanchista, y la violencia no solo verbal sino física contra los opositores. Correa, en Ecuador se apoya igualmente en formas de asistencialismo, lucha frontal contra la clase empresarial “corrupta” y dosis frecuentes de arengas nacionalistas anti-colombianas e incluso antiamericanas. Ortega, en Nicaragua, apoyado en el aparato judicial como arma política, atropella los derechos de los adversarios y arma los grupos de poder ciudadanos para amedrentar a nivel local a los opositores y controlar cualquier atisbo de rechazo al régimen.

Todos, a una, se apoyan en el miedo y la agresión, el nacionalismo y las expresiones emocionales de amor por el pueblo, acompañadas de amenazas verbales y judiciales contra los adversarios, que les permite modificar las constituciones para tratar de “atornillarse” en el poder y realizar los cambios que pregon. En otros países se dan acercamientos sin volcarse decididamente, sino con un poco más de timidez, buscan la manera de fortalecerse. Son los casos más dicientes de lo que se podría denominar el “Nacional Populismo” Latinoamericano, que en versiones más blandas aparecen cada vez más en la gran mayoría de países de la región.

El esquema se repite en un proceso de concentración del poder, con un discurso anti partidos, nacionalista, antiimperialista, liberador y enemigo de las oligarquías nacionales, sumado especialmente en Bolivia con el discurso racial, que parte del espíritu reivindicativo para asentarse en un espíritu revanchista. Evo Morales en el discurso de posesión afirmó, que se inauguraban los nuevos 500 años de gobierno indígena, con lo cual seguramente busca equilibrar los cinco siglos que llevaban gobernando los blancos en su país.

La concentración de poder, el espíritu de confrontación y de choque son estrategias para apoderarse de todas las instituciones, ejemplo que siguen sus amigos cercanos. Esos presidentes vecinos que a veces no pueden ocultar la envidia por no disponer del flujo de caja de los recursos petroleros que Chávez administra como si fueran propios y despilfarra como lo que son, ajenos. 

Vale la pena intentar caracterizar los eslabones del proceso estratégico de toma y concentración del poder, en una agenda preconcebida que de manera calcada están siguiendo en cada país:

1.       Tomar el poder por la vía electoral, basado en propuestas populistas y nacionalistas, presentándose como el salvador de la patria, el redentor de los pobres,  enemigo del imperio, de los políticos tradicionales y de las oligarquías nacionales.

2.       Concentrar el poder, primero vía asamblea o congreso. Si este no le es suficientemente incondicional, ya sea sometido por alianzas y manipulación, entonces promover su cierre para convocar a nuevas elecciones y elegir un congreso en el que tenga control mayoritario. Esta estrategia busca dos propósitos centrales: que se aprueben todas las reformas que el “líder” requiere y que le garantice su reelección indefinida. En caso de no contar con mayorías populares o que persistan fuertes partidos opositores, estimular el proceso de reforma del estado hacia un régimen parlamentario que le permita que el congreso lo reelija indefinidamente.

3.       Estimular la movilización popular y la confrontación callejera, que respalde todas las acciones y decisiones del gobierno y promover la organización de cuerpos deliberantes y armados, de ciudadanos, listos para “defender la revolución” y atacar a los enemigos.

4.       Cooptado el legislativo, cambiar los magistrados de altas cortes y asumir el control del aparato electoral y la policía judicial e instruir a jueces para aplicarse con el máximo rigor a los adversarios del régimen.

5.       Descalificar y perseguir a los adversarios políticos acusándolos de corruptos, de criminales, de enemigos del pueblo y traidores a la patria y perseguir a los gobernantes locales y regionales adversos para desestabilizarlos y hacerles perder la base de apoyo ciudadano.

6.       Asumir el control económico del Estado, imponer estricciones a los medios de comunicación, a la libre movilización y a la libre expresión, realizar proceso de nacionalizaciones y expropiaciones, iniciando con empresas extranjeras para seguir con “monopolios” nacionales.

7.       Promover el cambio constitucional para imponer un modelo estatista y centralizado, y desatar una política educativa de formación de niños y jóvenes en los principios del régimen.

8.       Identificar enemigos externos para señalarlos como los causantes de los males que no han solucionado y agredir a los vecinos que no actúen en consonancia con sus aspiraciones mesiánicas

9.       Declararse hermanos de los “luchadores por la libertad”, así usen prácticas terroristas y estén asociados al narcotráfico, con tal que signifiquen poner en problemas a sus adversarios.

10.   Alinearse en la nueva corriente anti-occidental, que les permita resguardarse en eventuales bloques de confrontación y avanzar en imparable carrera armamentista, gastando ingentes recursos en armar al ejército del “pueblo” para defender la revolución.

Publicado en la Revista Digital Nuevapolitica.net No. 2, págs 6 y ss

Bogotá, abril 4/09

 

 

Comentarios
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Candidatos Presidencia  - Candidatos Presidencia     |201.244.134.xxx |2009-05-21 12:51:36
Excelente artículo, hace poco leí un post relacionado con este tema en un
portal colombiano sobre las elecciones 2010 en Colombia, está página también
trata todo sobre candidatos, encuestas y todo lo relacionado con las
[url]http://elecciones de 2010.
Annabell  - Buenísimo articulo   |190.29.123.xxx |2009-08-17 17:26:52
Este articulo me ha gustado mucho, me ha contextualizado y e ha sacado de dudas
para poder entender que está sucediendo a mi alrededor.

Los felicito por este
blog
Anónimo   |186.28.14.xxx |2009-08-17 18:07:11
Gracias Anabel. Muy estimulante tu comentario.
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