Aug
12
2009
|
|
Hace un año conocí al alcalde de Ciudad de Guatemala y expresidente de su país, Alvaro Arzú. Le conté mi proyecto de hacer una serie de entrevistas sobre el “Oficio de Gobernar” a algunos expresidentes de países latinoamericanos. Me ofreció amablemente darme la entrevista que aún estamos por concertar, pero me adelantó su primera experiencia como presidente.
Hace un año conocí al alcalde de Ciudad de Guatemala y expresidente de su país, Alvaro Arzú. Le conté mi proyecto de hacer una serie de entrevistas sobre el “Oficio de Gobernar” a algunos expresidentes de países latinoamericanos. Me ofreció amablemente darme la entrevista que aún estamos por concertar, pero me adelantó su primera experiencia como presidente. Apenas había jurado y se sentó en el sillón en su despacho, entró presuroso el ministro de economía y le dice: – Presidente, mañana los maestros van a ir a huelga porque hace varios meses que no se les paga. Pero lo peor es que no hay de donde sacar el dinero para pagarles.El presidente entonces -me cuenta-, mira encima de su escritorio ve el fajo de hojas de su programa de gobierno, lo levanta y lo manda a la basura. Luego, tuvo que ir a respaldar con su firma y su patrimonio, un préstamo bancario al Estado para conseguir con qué pagar a los maestros y evitar que lo “inauguraran” con una huelga. Todos los incentivos por obtener el poder político se basan en un sistema local y en demandas y expectativas locales, pero una vez en el poder, descubren una inquietante realidad. Muchas de las cuestiones más vitales que deben afrontar, son de índole local o internacional y requieren soluciones locales o internacionales y generalmente no cuentan ni con los recursos, las herramientas, la información ni el equipo para atenderlos. Los presidentes se eligen con una agenda nacional y tienen que gobernar con una agenda cada vez más internacional. En lo internacional, ni siquiera son bomberos, la gran mayoría, en particular los gobernantes de países en desarrollo, pasan a la categoría de peones, en un ajedrez cada vez más complejo e impredecible. Está probado que el Estado Nación es demasiado estrecho para atender los asuntos locales y demasiado incompetente para los asuntos globales. Así como es de malo para recaudar, es peor para distribuir. Un presidente o jefe de gobierno, apenas se juramenta o toma posesión de su cargo, debería ponerse un casco rojo de bombero, y dedicarse a apagar incendios. Lo peor es que muchas veces no distinguen un tipo de fuego de otro, ni cuentan con las herramientas, ni el equipo, ni los extintores. Las presiones de las necesidades locales y departamentales, los sectores que presionan por la gestión de sus intereses, las minorías que claman por la atención de sus urgencias, sumados a las demandas de los países vecinos, de las exigencias regionales y las presiones globales. Cumplir las obligaciones nacionales e internacionales de sus cargos, es una tarea de equilibrio que deben manejar los miembros de la élite política. Por ello, muchas veces terminar por intentar andar en la cuerda floja, permanecer leales a los sistemas políticos nacionales mientras desechan beneficios internacionales que a veces amenazan privilegios de élites, intereses o percepciones nacionales. El sector público cada vez más, pierde el control de sus activos clave, como la moneda, sus fronteras, su cultura, frente a la creciente conciencia de los asuntos transnacionales como el calentamiento global, el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, el tráfico de drogas, personas y desechos tóxicos, las migraciones, la falsificación de billetes, las pandemias, y los flujos de capital privado, entre otros. A ello se agrega que la mayoría de las instituciones internacionales son organizaciones obsoletas, tambaleantes y con una visión anacrónica del mundo, como las Naciones Unidas, la OEA, la OTAN, el BID, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial. De otro lado, los vacíos que dejan las institucionales nacionales y las internacionales son copados en su gran mayoría por redes informales, como las élites que dirigen las grandes instituciones financieras, los grandes inversores, los líderes empresariales clave, los archimillonarios, los filántropos, e incluso un puñado de superestrellas del arte que pueden conducir o definir las actividades de ONGs transnacionales. Stiglitz afirma que “Tenemos un problema de soberanía. Algunos gobiernos no quieren participar en las instituciones internacionales porque no pueden controlarlas. Pero en una democracia nadie puede controlar todo. La única persona que puede imponer su voluntad en todos los asuntos de gobierno es un dictador”. La excepción a esa condición de bombero, en este enmarañado mundo en transición, la constituyen entonces los insurgentes, los golpistas y los autoritarios con vocación totalitaria. Un modelo democrático no solo debe garantizar las elecciones sino el equilibrio de poderes y la legitimidad democrática en el ejercicio, sin que se restrinja la posibilidad real de los ciudadanos de poder cambiar al Gobierno en la siguiente elección. A diferencia, en las sociedades dirigidas por magalomaníacos que se creen dueños de la verdad en nombre del “pueblo” y de los pobres, presionan a los ciudadanos, los compran, los inundan con publicidad estatal e incluso los amenazan para consolidarse en el poder. Se vuelven auténticos capataces, incendiarios, que regañan e insultan, que amenazan, desafían, se arman y promueven o estimulan ataques y atentados contra sus adversarios. Son capaces de mostrarse a la vez muy amables y casi paternales con sus partidarios y con medios de comunicación “amigos”, pero también pueden desplegar una gran crueldad y astucia. Que se apoyan en la oportunidad de exacerbar las pasiones, las contradicciones, los odios de toda clase. Son individuos que pregonan un nacionalismo antiglobalista. Consideran la globalización como el viejo imperialismo occidental disfrazado y se le considera un “engendro” norteamericano. Forma parte de la vieja táctica que les permite disfrazar la realidad apoyados en “chivos expiatorios” más allá de las fronteras en vez de asumir los verdaderos retos de la pobreza, la inclusión, la libertad, la democracia y los problemas globales que antes que acciones de confrontación exigen cada vez más la cooperación. Puedes hacer un test en tu país, si tu presidente es un bombero o un capataz y, luego, determinar tu postura y tu decisión, si estás con la democracia así sea imperfecta o con el totalitarismo. Por favor me cuentas.
Powered by !JoomlaComment 3.26
3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved." |
|||||
| Ultima actualización ( Miércoles 12 de Agosto de 2009 21:25 ) |
Noticias nuevapolitica.net
Encuestas
Estadísticas
Usuarios registrados : 2Contenido : 94
Enlaces : 6
Clics de vista de contenido : 228700





